El viaje que marcó un antes y un después. Parte II

Hola gente!!!! Ya estamos aquí otra vez (perdón por el retraso) para seguir contandoos el viaje que hicimos al norte de Argentina. Recapitulo: Salimos un jueves a las seis de la mañana, y, tras una breve parada en Tucumán continuamos hasta Salta, ciudad que nos encantó, como os contábamos en la anterior entrada.

Dicho esto continuamos el sábado por la mañana, tuvimos que madrugar otra vez, porque nos esperaba el plato fuerte del viaje: La quebrada de Umahuaca. Cambiábamos de provincia, de Salta a Jujuy, la otra provincia mítica del norte argentino; La quebrada es un paso entre las montañas, en el que vas desde paisajes verdes y húmedos hasta la famosa “Puna jujeña” , carreteras sin fin de aspecto mucho mucho más desértico. La “Puna” también es como se le conoce al mal de altura, ni que decir tiene que viajar por la “Puna jujeña” lleva incluidos unos mareos (según nos comentaba todo el mundo) insoportables, llegando ciertas personas incluso a vomitar… Es normal, porque en pocas horas, no mas de dos o tres, subes mucha altura, la cota máxima son como 3600 metros y saliendo de Salta estábamos a unos 1000 metros, el desnivel es mucho, se tiene que notar. Lo que hace aquí la gente como solución es mascar hojas de coca, jeje, a lo indígena. En el hostal en el que estábamos alojados en Salta, nos atendió una familia muy “norteña” vamos a decir, tenían rasgos indígenas a tope, tanto la madre como las hijas y cuando le dijimos a la madre (que nos trató como si fueramos familiares de visita) que nos íbamos para la Quebrada, nos recomendó encarecidamente que nos tomáramos para desayunar un té de coca, jeje, que cosas se ven por el mundo. Y así hicimos, desayunamos el té, que tenía un sabor… Así  como a hoja… No soy muy de tomar té así que no se explicarlo bien, pero al final estaba bueno, se dejaba tomar.
Lo que aita y ama, (que ya habían pasado por eso, y se habían “apunado” a tope) nos recomendaban era ir bebiendo agua, mantenernos hidratados… Y allí fuimos, a recorrer la mítica Quebrada de Humahuaca, paso por el que hace siglos se entraba a Argentina por el norte, un sitio muy especial. Tilcara, Purmamarca… Poco a poco iban cayendo kilómetros y pueblos y… si, hay que verlo, la carretera entre las montañas es espectacular (como dicen los argentinos) Y luego, tras una hora o hora y media de viaje, de repente en unos 20 minutos sales de la zona montañosa, y entonces si, entras en la Puna jujeña… ¿Que es esto? te preguntas, porque si antes las montañas estaban más cerca, ahora estas en un valle inmenso, sin nada alrededor, explanadas a los dos lados y a lo lejos las montañas… Aquí se acaba el país, de vez en cuando veíamos a algun lugareño (piel oscura a tope, pelo largo atado en coleta a la espalda) andando en bicicleta, dios sabe donde irían, de donde vendrían. Al rato aparece alguna que otra población, pero ¿en bici? No se… Otras formas de vida. De esta carretera, que, igual que la que vimos en Cortaderas, impresiona mucho su inmensidad, hicimos como hora y media o dos horas, no me acuerdo bien, pero un buen cacho.

Pasando por las señales que avisan del peligro de cruzarte con llamas:

Y lo que os decía, la inmensidad, estar en medio de ninguna parte…

Y bueno, al final parece que llegas a algun sitio, jejeje, La Quiaca, último pueblo de Argentina en la frontera con Bolivia… En estos pueblos tan fronterizos ya si que son Bolivianos a tope, por las ropas, la constitución corporal, es impresionante como Tú eres el que esta de más…  Y bueno, de La Quiaca (Argentina) a Villazón (Bolivia) nos separaba un puente fronterizo… y ya que estábamos… ¡Pasamos a Bolivia!

Sensación indescriptible entrar de un país extranjero a otro más extranjero todavía… En Argentina en general la población es como más occidental, hay de todo, y te acostumbras, pero no te choca tanto como aquí arriba. Aquí no hay contemplaciones, no pasas desapercibido ni de coña… Si o si llamas la atención y te llama la atención la gente. Y bueno, pasamos el  puente y estábamos en Bolivia; lo primero, teníamos una hora menos… Después, teníamos otra moneda… Pesos bolivianos, bolivianos los llaman ellos, y se puede pagar (por estar en la frontera) con argentinos o con bolivianos.

Los primeros momentos debimos de tener una pinta de guiris europeos  guapa, guapa, porque recordándolo ahora ya veis que fue un shock super grande…

En la calle por la que entramos había un mercadillo en las aceras, supongo que para los guiris, no nos vamos a engañar. Mogollón de puestitos que vendían hojas de coca, a cuartos de kilo, que olían super fuerte, con un olor característico. Luego también vendían relojes medio baratos (los míticos Casio, jeje) Aparte de ropa, telas, tapices (muy guapos, la verdad) y cacharrerías varias.

Los ropajes de ellas sobretodo impactaban muchísimo, llevaban como unos gorritos tipo bombín, ladeados… Llamaba la atención, pero lo llevaban mogollón de ellas, supongo que será la moda, pero yo nunca lo había visto…

No me digais que no es flipante… “Casa de cambios” parece el oeste, jeje.

Y lo que os decía, el bombín y las trenzas, muy muy guapo.

A un chico de una tienda (la verdad, fue super majo) le preguntamos por el sitio mítico que no nos podíamos perder… El mercado, jejeje, desde lo de Salta lo teníamos claro, a los mercados, con los del pueblo! Fue fácil, llegamos sin problema pero estaban los puestos cerrados… Era un poco tarde, que se le va a hacer, aún así, comimos sin problema, por un precio muy parecido al de Salta, lo que nos extraño, porque se suponía que Bolivia era más barato, y de eso nada. Supongo que, de serlo, lo será más al interior, no en el pueblo fronterizo donde van los guiris…

Después de comer, volvimos a dar otro paseo por los alrededores, y nos llamó la atención, otra vez, la calma que se respiraba en el pueblo. En las tienditas, preguntabas el precio y te lo decían sin más, no te hacían mucho más caso, iban a su bola total. Luego también escuchamos hablar yo que se que idioma, suponemos que es Quechua, pero, ni idea… Eso si que choca, escuchar sonidos conocidos pero no pillar ni una… No se que idioma sería, pero yo estoy seguro de que era otro idioma, no era castellano. Yo me compre un gorrito a lo vaquero-gaucho y Iker se compró uno de lana tipo andino… No me pude resistir y me lo compre también, jejeje, aquí si que nos salió bien de precio, creo que diez pesos argentinos cada cosa, unos dos euros… No podíamos dejarlo pasar, ¡Bolivia! Había que llevar algún recuerdo, que esta era muy gorda. Ahora que digo llevar, en todas las tiendas, pese a ir a su bola, te ofrecían “¿No van a llevar?” “Lleven esto, lleven lo otro” Por la cortesía esta que tenemos decías que no con educación y nada, nadie se ofendía o insistía, seguían a la suya. Y hacía gracia el uso del verbo “Llevar” en vez de comprar, decían llevar, que cosas tu. Luego con la chica que nos atendió en el mercado para comer, lo que nos dimos cuenta fue del castellano que tenían, mucho menos marcado que el argentino… Como más limpio, más bonito…

(bueno, aquí un par de fotos de los más buscados, jejeje, menudo gorro para dar conciertos!)

Y en Bolivia poco más, nos compramos un helado en la plaza del pueblo, jejeje, y vimos la estatua de Simón Bolivar, libertador!

Cruzamos la frontera de vuelta a Argentina, y… Vaya tela eso de cruzar fronteras andando (el coche se quedó en Argentina) Te sientes inmigrante total… ¿Y la sensación de volver a tierra conocida? Porque bueno, si, en Bolivia estábamos a nuestro rollo, el choque fue al principio, pero reconozcamos que “a nuestro rollo” no llegamos a estar, eramos unos guiris de los buenos, y, a mi, eso no me gusta la verdad… Lo que decía, que, tras eso, al volver a Argentina, nos sentíamos como si volviéramos a casa… Que aventuras estamos pasando…

Volvimos al coche y entramos de vuelta en la Argentina… Por el norte… el país entero a nuestros pies, todo lo que nos quedaba por vivir estaba allí, al sur, siguiendo la carretera… Paramos allí en medio a reflexionar un poco, por que ya os digo que esta fue de las gordas… Y, como renovados, tras tres meses de vivir en Argentina, fue como volver a llegar.

Por la puna jujeña otra vez hacía abajo, con sus carreteras interminables, en un momento, coincidió que había una ¿pastora? de llamas! Cruzando la carretera… Momento mítico, Iker les sacó fotos y hablamos un rato con ella, fue un puntazo, nos contaba que cuidaba las llamas que eran de sus padres. Que las que tenía eran pocas (eran un montón, os lo digo yo, jeje) pero antes tenían más, “hay que querer vivir aquí” Nos comentó, y tanto… Ella era de Mendoza (cerca de Buenos Aires) y venía de vez en cuando a ayudar a los padres que ya estaban mayores… Un encuentro muy interesante.

Continuando por la Quebrada, la idea era llegar hasta Jujuy ese mismo día, pero decidimos que era un poco exagerar y encima nos íbamos a perder el dormir en algún pueblito de la Quebrada, así que nos quedamos a dormir en Tilcara. No fue fácil, porque era sábado y serían como las ocho de la tarde o así y estaba todo lleno… Estuvimos igual media hora preguntando por los hostales y estaban todos llenos, en la vida me había pasado algo así, no había sitio. Esta claro que si, encontramos sitio, jeje, pero nos costó mogollón y fue de casualidad en un sitio que ni parecía un hostal. Había una reserva que se anuló, y justo, habitación para cuatro con parking, desayuno y baño privado… ¡Puntazo! Cenamos empanadas argentinas (buenísimas, hacedme caso) las reservamos para comerlas en los viajes, en el día a día preferimos los asados! : P

Al día siguiente, por la mañana recorrimos el pueblo, nos gustó mucho, había una feria de artesanía y… de repente en un puestito ¿folletos en euskera? Ama lo estaba leyendo y al mismo tiempo el del puesto nos empezó a hablar, “¿son vascos?” “Pues… si” titubeamos, jeje, la verdad es que nos quedamos flipando, “Es que he visto la camiseta” Claro, Iker llevaba la camiseta de la selección de Euskadi, y el chico la reconoció. Pero ¿por que folletos en euskera? El puesto vendía artesanías de la comunidad Wichi, una comunidad indígena que vive como siempre han vivido, en el Chaco salteño (La selva chavales, ya la visitaremos) sin luz eléctrica o agua corriente. Y están con el tema de la artesanía. Los folletos están en euskera, porque, nos contaba el del puestito, un vasco viajero que les conoció, encontró similitudes entre su lengua y el euskera… Flipante, y se le ocurrió traducir los folletos también a Euskera. Una cosa muy curiosa fue. La feria, la verdad estaba muy guapa, había mucha artesanía local en plata… No era la típica para los turistas, nos gusto mucho.
Iker se compró una medallita super bonita de plata, con la cruz andina, que hacían en un puesto con el que entablamos un poco de amistad.

Una chica colombiana, estudiante de periodismo, que acabó dejando la carrera (un poco asqueada con los medios de comunicación) para irse con su pareja a vender artesanías por latinoamérica… Muy legal, con una bonita historia, ahora estaban viviendo en otro pueblito de la Quebrada, con sus hijos, y con planes de viajar a Ibiza, a Asia… Muy grandes estos, y unas artesanías super guapas. Todo esto, nos lo contó ella y lo leímos en una revista en la que salían ellos en un artículo (Revista Arquitectura y diseño). Tanto nos gusto el rollo y la historia de ellos, que les hicimos una pequeña entrevista, jeje, en breve la pondremos.

Visto Tilcara, seguimos bajando por la Quebrada, hasta Purmamarca, pueblo famoso por su “Cerro de los siete colores” Los cerros son montañas, colinas, que en este caso por las capas de sedimentos toma siete colores… Otra cosa que valió la pena ver. Al llegar al pueblo había otra feria de artesanía, que ya si que no nos apetecia mucho ver, era un poco más turística que la otra. Así que nos recorrimos el pueblo, que con su arquitectura en adobe valía la pena ver.

Fuimos a comer, y probamos la carne de llama… Pobres llamas… no se yo, lo peor es que estaba buena… (Y encima la pedí yo…)

Después de comer, Aita, Iker y yo, nos fuimos a dar un paseo por uno de los cerros, y Ama se quedo tomando un café en un restaurante… La Olla Coya… Cuando volvimos del paseo felicitamos a Ama por el descubrimiento, brutal sitio, pequeñito, pero muy muy bien atendido por Tincho, un tio super legal que nos dio conversación sobre Bolivia, la Quebrada… Al final hasta nos regalo un libro de recetas que el mismo había escrito y que, la verdad, me encanta, visita obligada en Purmamarca, La Olla Coya.

Vistos Tilcara y Purmamarca, nuestro siguiente destino era Jujuy, la familia de Amalia (Amalia, la misma que nos acoge en Tucumán, madre de Noelia) nos esperaba… Os lo contamos en la próxima ¿vale? Gracias a todos por los comentarios, os informo de que el album flickr esta actualizado, así como el mapita

Besos!

Última hora,  camino a Salta había un tio que decía que nos conocía… Aquí os dejo el testimonio:

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Mª Carmen
    Oct 26, 2010 @ 08:14:48

    Hola chicos,es un lujo viajar a traves de vosotros .Pues es lo que siento cada vez que nos llegan noticias vuestras!!!!!!.un abrazo desde el corazón.
    Gracias maestros. 😉

    Responder

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