El viaje que marcó un antes y un después. Parte II

Hola gente!!!! Ya estamos aquí otra vez (perdón por el retraso) para seguir contandoos el viaje que hicimos al norte de Argentina. Recapitulo: Salimos un jueves a las seis de la mañana, y, tras una breve parada en Tucumán continuamos hasta Salta, ciudad que nos encantó, como os contábamos en la anterior entrada.

Dicho esto continuamos el sábado por la mañana, tuvimos que madrugar otra vez, porque nos esperaba el plato fuerte del viaje: La quebrada de Umahuaca. Cambiábamos de provincia, de Salta a Jujuy, la otra provincia mítica del norte argentino; La quebrada es un paso entre las montañas, en el que vas desde paisajes verdes y húmedos hasta la famosa “Puna jujeña” , carreteras sin fin de aspecto mucho mucho más desértico. La “Puna” también es como se le conoce al mal de altura, ni que decir tiene que viajar por la “Puna jujeña” lleva incluidos unos mareos (según nos comentaba todo el mundo) insoportables, llegando ciertas personas incluso a vomitar… Es normal, porque en pocas horas, no mas de dos o tres, subes mucha altura, la cota máxima son como 3600 metros y saliendo de Salta estábamos a unos 1000 metros, el desnivel es mucho, se tiene que notar. Lo que hace aquí la gente como solución es mascar hojas de coca, jeje, a lo indígena. En el hostal en el que estábamos alojados en Salta, nos atendió una familia muy “norteña” vamos a decir, tenían rasgos indígenas a tope, tanto la madre como las hijas y cuando le dijimos a la madre (que nos trató como si fueramos familiares de visita) que nos íbamos para la Quebrada, nos recomendó encarecidamente que nos tomáramos para desayunar un té de coca, jeje, que cosas se ven por el mundo. Y así hicimos, desayunamos el té, que tenía un sabor… Así  como a hoja… No soy muy de tomar té así que no se explicarlo bien, pero al final estaba bueno, se dejaba tomar.
Lo que aita y ama, (que ya habían pasado por eso, y se habían “apunado” a tope) nos recomendaban era ir bebiendo agua, mantenernos hidratados… Y allí fuimos, a recorrer la mítica Quebrada de Humahuaca, paso por el que hace siglos se entraba a Argentina por el norte, un sitio muy especial. Tilcara, Purmamarca… Poco a poco iban cayendo kilómetros y pueblos y… si, hay que verlo, la carretera entre las montañas es espectacular (como dicen los argentinos) Y luego, tras una hora o hora y media de viaje, de repente en unos 20 minutos sales de la zona montañosa, y entonces si, entras en la Puna jujeña… ¿Que es esto? te preguntas, porque si antes las montañas estaban más cerca, ahora estas en un valle inmenso, sin nada alrededor, explanadas a los dos lados y a lo lejos las montañas… Aquí se acaba el país, de vez en cuando veíamos a algun lugareño (piel oscura a tope, pelo largo atado en coleta a la espalda) andando en bicicleta, dios sabe donde irían, de donde vendrían. Al rato aparece alguna que otra población, pero ¿en bici? No se… Otras formas de vida. De esta carretera, que, igual que la que vimos en Cortaderas, impresiona mucho su inmensidad, hicimos como hora y media o dos horas, no me acuerdo bien, pero un buen cacho.

Pasando por las señales que avisan del peligro de cruzarte con llamas:

Y lo que os decía, la inmensidad, estar en medio de ninguna parte…

Y bueno, al final parece que llegas a algun sitio, jejeje, La Quiaca, último pueblo de Argentina en la frontera con Bolivia… En estos pueblos tan fronterizos ya si que son Bolivianos a tope, por las ropas, la constitución corporal, es impresionante como Tú eres el que esta de más…  Y bueno, de La Quiaca (Argentina) a Villazón (Bolivia) nos separaba un puente fronterizo… y ya que estábamos… ¡Pasamos a Bolivia!

Sensación indescriptible entrar de un país extranjero a otro más extranjero todavía… En Argentina en general la población es como más occidental, hay de todo, y te acostumbras, pero no te choca tanto como aquí arriba. Aquí no hay contemplaciones, no pasas desapercibido ni de coña… Si o si llamas la atención y te llama la atención la gente. Y bueno, pasamos el  puente y estábamos en Bolivia; lo primero, teníamos una hora menos… Después, teníamos otra moneda… Pesos bolivianos, bolivianos los llaman ellos, y se puede pagar (por estar en la frontera) con argentinos o con bolivianos.

Los primeros momentos debimos de tener una pinta de guiris europeos  guapa, guapa, porque recordándolo ahora ya veis que fue un shock super grande…

En la calle por la que entramos había un mercadillo en las aceras, supongo que para los guiris, no nos vamos a engañar. Mogollón de puestitos que vendían hojas de coca, a cuartos de kilo, que olían super fuerte, con un olor característico. Luego también vendían relojes medio baratos (los míticos Casio, jeje) Aparte de ropa, telas, tapices (muy guapos, la verdad) y cacharrerías varias.

Los ropajes de ellas sobretodo impactaban muchísimo, llevaban como unos gorritos tipo bombín, ladeados… Llamaba la atención, pero lo llevaban mogollón de ellas, supongo que será la moda, pero yo nunca lo había visto…

No me digais que no es flipante… “Casa de cambios” parece el oeste, jeje.

Y lo que os decía, el bombín y las trenzas, muy muy guapo.

A un chico de una tienda (la verdad, fue super majo) le preguntamos por el sitio mítico que no nos podíamos perder… El mercado, jejeje, desde lo de Salta lo teníamos claro, a los mercados, con los del pueblo! Fue fácil, llegamos sin problema pero estaban los puestos cerrados… Era un poco tarde, que se le va a hacer, aún así, comimos sin problema, por un precio muy parecido al de Salta, lo que nos extraño, porque se suponía que Bolivia era más barato, y de eso nada. Supongo que, de serlo, lo será más al interior, no en el pueblo fronterizo donde van los guiris…

Después de comer, volvimos a dar otro paseo por los alrededores, y nos llamó la atención, otra vez, la calma que se respiraba en el pueblo. En las tienditas, preguntabas el precio y te lo decían sin más, no te hacían mucho más caso, iban a su bola total. Luego también escuchamos hablar yo que se que idioma, suponemos que es Quechua, pero, ni idea… Eso si que choca, escuchar sonidos conocidos pero no pillar ni una… No se que idioma sería, pero yo estoy seguro de que era otro idioma, no era castellano. Yo me compre un gorrito a lo vaquero-gaucho y Iker se compró uno de lana tipo andino… No me pude resistir y me lo compre también, jejeje, aquí si que nos salió bien de precio, creo que diez pesos argentinos cada cosa, unos dos euros… No podíamos dejarlo pasar, ¡Bolivia! Había que llevar algún recuerdo, que esta era muy gorda. Ahora que digo llevar, en todas las tiendas, pese a ir a su bola, te ofrecían “¿No van a llevar?” “Lleven esto, lleven lo otro” Por la cortesía esta que tenemos decías que no con educación y nada, nadie se ofendía o insistía, seguían a la suya. Y hacía gracia el uso del verbo “Llevar” en vez de comprar, decían llevar, que cosas tu. Luego con la chica que nos atendió en el mercado para comer, lo que nos dimos cuenta fue del castellano que tenían, mucho menos marcado que el argentino… Como más limpio, más bonito…

(bueno, aquí un par de fotos de los más buscados, jejeje, menudo gorro para dar conciertos!)

Y en Bolivia poco más, nos compramos un helado en la plaza del pueblo, jejeje, y vimos la estatua de Simón Bolivar, libertador!

Cruzamos la frontera de vuelta a Argentina, y… Vaya tela eso de cruzar fronteras andando (el coche se quedó en Argentina) Te sientes inmigrante total… ¿Y la sensación de volver a tierra conocida? Porque bueno, si, en Bolivia estábamos a nuestro rollo, el choque fue al principio, pero reconozcamos que “a nuestro rollo” no llegamos a estar, eramos unos guiris de los buenos, y, a mi, eso no me gusta la verdad… Lo que decía, que, tras eso, al volver a Argentina, nos sentíamos como si volviéramos a casa… Que aventuras estamos pasando…

Volvimos al coche y entramos de vuelta en la Argentina… Por el norte… el país entero a nuestros pies, todo lo que nos quedaba por vivir estaba allí, al sur, siguiendo la carretera… Paramos allí en medio a reflexionar un poco, por que ya os digo que esta fue de las gordas… Y, como renovados, tras tres meses de vivir en Argentina, fue como volver a llegar.

Por la puna jujeña otra vez hacía abajo, con sus carreteras interminables, en un momento, coincidió que había una ¿pastora? de llamas! Cruzando la carretera… Momento mítico, Iker les sacó fotos y hablamos un rato con ella, fue un puntazo, nos contaba que cuidaba las llamas que eran de sus padres. Que las que tenía eran pocas (eran un montón, os lo digo yo, jeje) pero antes tenían más, “hay que querer vivir aquí” Nos comentó, y tanto… Ella era de Mendoza (cerca de Buenos Aires) y venía de vez en cuando a ayudar a los padres que ya estaban mayores… Un encuentro muy interesante.

Continuando por la Quebrada, la idea era llegar hasta Jujuy ese mismo día, pero decidimos que era un poco exagerar y encima nos íbamos a perder el dormir en algún pueblito de la Quebrada, así que nos quedamos a dormir en Tilcara. No fue fácil, porque era sábado y serían como las ocho de la tarde o así y estaba todo lleno… Estuvimos igual media hora preguntando por los hostales y estaban todos llenos, en la vida me había pasado algo así, no había sitio. Esta claro que si, encontramos sitio, jeje, pero nos costó mogollón y fue de casualidad en un sitio que ni parecía un hostal. Había una reserva que se anuló, y justo, habitación para cuatro con parking, desayuno y baño privado… ¡Puntazo! Cenamos empanadas argentinas (buenísimas, hacedme caso) las reservamos para comerlas en los viajes, en el día a día preferimos los asados! : P

Al día siguiente, por la mañana recorrimos el pueblo, nos gustó mucho, había una feria de artesanía y… de repente en un puestito ¿folletos en euskera? Ama lo estaba leyendo y al mismo tiempo el del puesto nos empezó a hablar, “¿son vascos?” “Pues… si” titubeamos, jeje, la verdad es que nos quedamos flipando, “Es que he visto la camiseta” Claro, Iker llevaba la camiseta de la selección de Euskadi, y el chico la reconoció. Pero ¿por que folletos en euskera? El puesto vendía artesanías de la comunidad Wichi, una comunidad indígena que vive como siempre han vivido, en el Chaco salteño (La selva chavales, ya la visitaremos) sin luz eléctrica o agua corriente. Y están con el tema de la artesanía. Los folletos están en euskera, porque, nos contaba el del puestito, un vasco viajero que les conoció, encontró similitudes entre su lengua y el euskera… Flipante, y se le ocurrió traducir los folletos también a Euskera. Una cosa muy curiosa fue. La feria, la verdad estaba muy guapa, había mucha artesanía local en plata… No era la típica para los turistas, nos gusto mucho.
Iker se compró una medallita super bonita de plata, con la cruz andina, que hacían en un puesto con el que entablamos un poco de amistad.

Una chica colombiana, estudiante de periodismo, que acabó dejando la carrera (un poco asqueada con los medios de comunicación) para irse con su pareja a vender artesanías por latinoamérica… Muy legal, con una bonita historia, ahora estaban viviendo en otro pueblito de la Quebrada, con sus hijos, y con planes de viajar a Ibiza, a Asia… Muy grandes estos, y unas artesanías super guapas. Todo esto, nos lo contó ella y lo leímos en una revista en la que salían ellos en un artículo (Revista Arquitectura y diseño). Tanto nos gusto el rollo y la historia de ellos, que les hicimos una pequeña entrevista, jeje, en breve la pondremos.

Visto Tilcara, seguimos bajando por la Quebrada, hasta Purmamarca, pueblo famoso por su “Cerro de los siete colores” Los cerros son montañas, colinas, que en este caso por las capas de sedimentos toma siete colores… Otra cosa que valió la pena ver. Al llegar al pueblo había otra feria de artesanía, que ya si que no nos apetecia mucho ver, era un poco más turística que la otra. Así que nos recorrimos el pueblo, que con su arquitectura en adobe valía la pena ver.

Fuimos a comer, y probamos la carne de llama… Pobres llamas… no se yo, lo peor es que estaba buena… (Y encima la pedí yo…)

Después de comer, Aita, Iker y yo, nos fuimos a dar un paseo por uno de los cerros, y Ama se quedo tomando un café en un restaurante… La Olla Coya… Cuando volvimos del paseo felicitamos a Ama por el descubrimiento, brutal sitio, pequeñito, pero muy muy bien atendido por Tincho, un tio super legal que nos dio conversación sobre Bolivia, la Quebrada… Al final hasta nos regalo un libro de recetas que el mismo había escrito y que, la verdad, me encanta, visita obligada en Purmamarca, La Olla Coya.

Vistos Tilcara y Purmamarca, nuestro siguiente destino era Jujuy, la familia de Amalia (Amalia, la misma que nos acoge en Tucumán, madre de Noelia) nos esperaba… Os lo contamos en la próxima ¿vale? Gracias a todos por los comentarios, os informo de que el album flickr esta actualizado, así como el mapita

Besos!

Última hora,  camino a Salta había un tio que decía que nos conocía… Aquí os dejo el testimonio:

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El viaje que marcó un antes y un después. Parte I

9 ciudades,7 días,168 horas, 2500 kilometros, 20 litros de agua, no se cuantos de gasolina, muchas milanesas, algún litrico de Coca, muchas empanadas, muchas personas, muchas fotos, grandes momentos.

Gira de los hermanos en ruta por el norte Argentino, ¿estáis listos?

Hola familia y amigos!!!

Bueno, como os dijimos ayer, el retraso en las noticias era debido a que hemos estado de viaje, como habreis visto en las fotos, hemos llegado lejos…

Así que, empezaré por el principio, el jueves día 7 de octubre, a las 5:00 de la mañana sonaba nuestro despertador en Capilla del monte, la aventura había empezado, hicimos un desayuno rápido, y, aún de noche, partíamos hacía Tucumán.

Nuestra idea era llegar ese mismo día a Salta, ciudad del norte de argentina, a unas 10 horas de distancia en total, no lo se exactamente, el caso es que esta bien arriba para llegar desde Capilla. Por eso teníamos claro que haríamos una parada en Tucumán. (El mapa esta actualizado por si quereis echar un vistazo, aqui )

Esta bien lo de salir pronto, es un pequeño esfuerzo, pero ganas en que en las carreteras no hay tanto tráfico. A las 9 de la mañana, ya llevábamos tres horas de camino, y el día acababa de empezar, por eso vale la pena madrugar.

Supongo que a esa hora estaríamos en algún punto de la provincia de Santiago del Estero, una parte del camino a Tucumán, caracterizada por sus larguísimas carreteras sin fin… Ya hemos visto varias veces carreteras así en otros viajes, pero no dejan de impresionar, son como las de las películas americanas, dos carriles y hasta el infinito… Casi sin tráfico, algún camión… Es toda una experienicia. En un punto llega un paso a nivel, “Ahí  en las vías tienen que girar a la derecha!” Nos dijo Mario hace tiempo, a día de hoy ya nos lo sabemos de memoria, eso si, si te pasas, te pierdes pero bien.

Según íbamos entrando en la provincia de Tucumán, se veían restos de lluvia, “aquí ha debido de caer  una buena” comentábamos extrañados, ya que en Capilla había hecho muy buen tiempo los últimos días, pero cambias de provincia y cambian hasta las condiciones climáticas.

A las 11:30 mas o menos estábamos llegando a Tucumán… Choque total, porque Tucumán (me refiero a la ciudad de San Miguel de Tucumán) es una ciudad caótica, sin ofender, pero creo que no exagero, y encima anduvimos por zonas conocidas… Fue una sensación un poco incómoda al principio, porque además de la “hostilidad” de la ciudad, hacía mes y medio que vivíamos en Capilla, donde en coche no puedes casi ni meter cuarta… Y de verdad que los primeros momentos fueron muy raros.

Aita, Ama y Iker se fueron a comer a casa de Alejandra, una amiga de la familia, que también vino a Capilla de visita y es maravillosa, dará que hablar. Mientras yo por mi parte aproveche para ver a mi querida amiga Eva, a las 3 venían a buscarme y continuábamos con la segunda etapa del viaje: A Salta.

“Salta os va a gustar” Nos decían aita y ama cuando llegaron del viaje del año pasado. “¿No conocen el norte?, les va a encantar es lo más lindo de la Argentina, Salta, Jujuy, tienen que conocer” Nos dicen casi todos los argentinos con los que hablamos del tema, así que teníamos expectativas en este viaje. Salta, Salta la linda, que dicen los salteños. ¿Por algo será no? Y bueno, doy fe… Salta mola. Jejeje, os cuento. Para empezar al ir desde Tucumán la carretera es bastante buena, dos carriles de ida y dos de vuelta (no es común esto, os lo aseguro) y bien asfaltada, no en vano es la primera provincia turística del país. Y en cuanto a la ciudad… No se como explicarlo, no nos vamos a engañar, pero tiene algo, de verdad. Es una ciudad turística, pero eso no la deja vacía como puede pasar a veces, vas por la calle y para nada sientes el agobio o el caos de otras ciudades argentinas, hay caos si, esto es sudamérica, pero lo ves y hasta tiene encanto.

Nosotros llegamos el jueves que estamos hablando a las 8 de la tarde mas o menos. Nos encontramos con Mariana (Porteña viviendo en Salta) y Jose (español que vive aquí, amigo de aita y ama, pareja de Mariana). Nada, andaban liadísimos porque el viernes inauguraban un restaurante español (así es… mira tu donde nos metimos) Así que tras un rato de hablar y todo esto, nos retiramos, teníamos que buscar un hostal para dormir. Encontramos uno a 50 pesos por persona, una habitación para los 4, con baño, parking y desayuno incluidos… Un gangazo! Eso son 10 euros!!!

Este es el patio del hostal

Y nos fuimos a cenar, a donde van los lugareños a cenar, con un par de pizzas para los cuatro tuvimos suficiente, volvimos al hostal y, por fin, tras un triplete de desayuno en Capilla, comida en Tucumán y cena en Salta caímos rendidos, nos habíamos recorrido medio país.

Jejeje, aquí es donde cenamos, Iker pagando.

El norte… las provincias del norte, Salta y Jujuy, tienen mucha personalidad, de verdad que choca ver como cambia el tono de la piel de la gente, notas como la mayoría empiezan a ser de piel oscura, con tonos marrones, (negros se llaman entre ellos cariñosamente o a veces despectivamente… ) y se van notando rasgos indígenas, cada vez más según vas subiendo hacía el norte, y es que te vas acercando a Bolivia, mas adelante hablaremos de ella, pero yo los pocos bolivianos que había visto eran bajitos, de piel marrón oscura y con los rasgos de la cara característicos,  pues según subíamos al norte se notaba que el aspecto de la gente empezaba a tirar hacía esos rasgos. Aunque, insisto, hay de todo, blancos, tostados, indígenas a tope… Pero lo que predomina es lo que os decía.

El viernes dormimos a gusto, a las 9:30 ó 10:00 salíamos a conocer Salta. Andamos hacía el centro, que nos quedaba a unas 5 cuadras mas o menos, se puede ir en coche, pero vale la pena hacerlo andando y descubrir la ciudad, como os decía antes no agobia, las calles están como más aireadas. Aquí es costumbre que las cuadras adyacentes al centro, sean peatonales, y están hasta arriba de bullicio! Digamos que tenemos la calle ancha, delante nuestro, peatonal ¿vale? Bueno, pues en la parte del medio, creando dos carriles uno a cada lado suelen haber vendedores de todo… Y tiendas en cada lado de la calle, y todas las tiendas… Llenísimas de gente. Que tienen hasta para que cojas número como en la carnicería, jejeje, en serio, ya lo habíamos visto en Córdoba, pero aquí también pasaba, el comercio funciona mucho mucho mucho, y te atienden super bien, saben mogollón de lo que venden, te atienden sin prisa aunque este la tienda llena… Como era antes el comercio, digamos que mas cercano, mas… personal. Esto lo vimos cuando fuimos a Córdoba ya os digo, y allí compramos cosas, por eso sabemos como atienden, pero en Salta nos llamaba la atención porque era lo mismo, gente y gente comprando y llenando bares y terrazas. (A mi en Tucumán me pasó un Lunes por la tarde-noche que tuve que esperar a que se vaciara una mesa en una cafetería del centro… ¡Un lunes!)

Eso es lo que más nos llamo la atención de Salta, tooooda la gente que había, el ambiente que nos encontramos, que en otras ciudades, insisto, puede ser agobiante, pero en esta, por lo menos, no nos pareció que fuera así. Al entrar en las peatonales vimos como una entrada a algo… El mercado, no nos lo podíamos perder… Esto también es para verlo, un mercado de los de antes, en los que te venden buenos alimentos, ropa, discos, videojuegos, comida para llevar, comida para comer allí, relojes, yo que se, un mercado como dios manda. Luego estuvimos andando por la plaza del 9 de julio, muy muy guapa, cómo se agradece que pongan una plaza entre tanta cuadra, un par de iglesias (como no) y nos fuimos a comer… Había dos opciones: buscar el típico restaurante  turístico en la plaza o irnos al mercado con los salteños… ¿estaba claro no?

Allí que nos fuimos, la parte de arriba del mercado es todo “patio de comidas” que le llaman aquí, como os digo, petado de gente, igual que todo el mercado, pero aquí según subes se te nota la pinta de desorientado a kilómetros, a lo que se añade que hay camareros por todas partes haciéndote señas “Aquí caballero, por 15 pesos” “Aquí, vengan aquí, van a comer muy bien” “Pollo, ensalada y arroz por 16 pesos” Todo eso mientras intentas, entre el pasillo de las mesas y el tumulto,  pasar discreto y empezar a situarte… Es que no nos dejaban respirar, fue muy bueno. Nuestra idea era, ver todos o casi todos los precios y elegir,,, Pero vaya tela, no es fácil, cuando tomamos un poco de perspectiva de la situación volvimos atrás, una de las camareras nos había caído bien y su oferta era buena, ya estaba claro. En ese momento, yo miraba una parte del mercado que no habíamos explorado, como unas mesas vacías a unos 15 metros, pues desde allí se me veía la pinta de curioso y me hacían señas para que fuera, ¡por dios! Todo esto que os cuento debió darse en minuto y medio, pero vamos, la flipamos en ese ratito.

Al final comimos dos menús de 15 y 16 pesos para los cuatro, un menú para cada dos de sobra para comer bien, la cosa era: Napolitana (lomo albardado con queso, tomate y jamón york por encima) con guarnición de arroz, patatas fritas y ensalada. Aita y ama tomaron carne (lo que en el cartel aparece como costeleta) con la misma guarnición.

Más la bebida y tal, en total 45 pesos creo que nos costó, si dividimos entre 5, nos dará el resultado de !9 euros! La comida de cuatro personas… Salió bien de precio, no es lo habitual, tengo que decir, pero esta muy bien, así se entiende porque en general los argentinos tiran tanto de comer fuera de casa o pedir comida, casi que te vale la pena, ni cocinas ni tienes que hacer compras, jejeje.

Después de esto, aita y ama se fueron a echar la siesta y Iker y yo nos fuimos a dar otro paseo, y descubrimos una sala de juegos! De las que ya no quedan en españa, con sus máquinas de joysticks destroza botones, la máquina de discos (futbolín aereo creo que se llama)… Buen rato pasamos,  y sobre las 6 o así nos fuimos también a apalancarnos un rato. Después, sobre las 8 o las 9 decidimos irnos a cenar y luego al restaurante.
De camino a la cena, encontramos una tienda de música super guapa, también de las de antes, Utopia se llamaba, nos atendió una chica super legal, con el hijo por allí haciendo el loco. Sonaba una música flamenca muy guapa, y Iker y yo que estábamos flipando con la tienda, con los discos que tenía y con el buen rollo que se respiraba, nos decíamos “Hablamos con ella eh?” “Si si y le preguntamos a ver que suena” Bueno, al final nos lanzamos y nos comentó que era un disco de un sello discográfico bastante peculiar, “Putumayo records” Empezaron como una cadena de tiendas de ropa hindú, me imagino que serían tiendas de ropa hippie pero  bien hecho. Hasta tal punto bien hecho que la música de las tiendas la querían buena, algo fuera de lo habitual, que creara ambiente. Para ello, seguía diciéndonos la chica, eligieron artistas fuera del ámbito comercial, pero representativos de un estilo de música, por ejemplo, un grupo de voces africanas femeninas… El resultado, la idea, fueron buenos, tanto que dejaron de lado lo de las tiendas y crearon un sello discográfico “Putumayo records” Bueno, ni que decir tiene que nos llevamos dos discos de esta casa, uno de flamenco, el que estaba sonando y el otro “Women of the world (Acoustic)” Según la chica, los que mas le gustaban, unas ediciones super cuidadas, con cada tema explicado y contextualizado dentro… Dos joyitas vamos, así si que compro yo música original.

Bueno continuo, después de la visita a la tienda de música nos fuimos a cenar, empanadas claro, las típicas argentinas. Y luego a ver como estaban las cosas en la inauguración del restaurante…

Había una cena formal, con reserva y todo, pero nos pudieron hacer un hueco para tomar algo. La verdad es que estuvo bien cómo os comentaba antes era la inaguración de un restaurante español, y triunfó bastante, hubo de todo: cata de vinos, tortilla de patatas, croquetas, jamón…Y flamenco! Que no falte, había contratados unos bailarines y bailarinas de flamenco argentinos, pero que lo dieron todo.

Más tarde nos retiramos a nuestros aposentos para al día siguiente enfrentarnos a la gran aventura de cruzar la frontera camino a Villazón (Bolivia)

Nos vemos en la siguiente entrega!

Besos!